No sé si se habrán enterado ustedes de la noticia de la incorporación del Servicio de Asistencia Religiosa Católica en el comité de ética y en el comité interdisciplinar de cuidados paliativos de los hospitales públicos de la Comunidad de Madrid. Y no sé si habrán enterado ustedes de la mala contestación y el posterior enfurruñamiento de algunos excelentísimos doctores como Luis Montes. Éstos, en vez de curar a los enfermos pues para eso les pagan, se dedican a elaborar manifiestos para denunciar lo que realizan uno u otro político de un “bando” determinado.
Esto es lo que se conoce comúnmente como intromisión profesional. Yo desconozco si el señor Montes de pequeñito quería ser político, escritor o simplemente salir en la televisión, pero lo que tengo claro es que el doctor ha conseguido por un momento lo que deseamos la mayoría de los españoles: “no dar ni chapa”.
Un día, se levantó, se dirigió a su brillante lugar de trabajo y en vez de asistir a los enfermos prefirió escribir junto con otros colegas suyos un documento plasmando en él sus frustraciones y proyectando la gran aureola de prepotencia que les rodea.
Sin embargo, le tengo que dar las gracias a Montes por elaborar dicho documento ya que al leerlo me he reído bastante. Yo le animaría a que abandonara su puesto de trabajo y se dedicara a la risoterapia. Éste es su futuro. Y que mejor que en vez de contemplar sangre, vísceras y sufrimiento, producir carcajadas en sus pacientes. Es genial, ¿no?
Para aquel lector que no haya leído el manifiesto, yo me presento voluntaria a explicárselo párrafo por párrafo.
En primer lugar, el señor Montes aclara que ni siquiera Dios encarnado en médico puede suprimir la voluntad de todo individuo. Muestra clara de su prepotencia y su pensamiento clasista que lo disfraza haciendo alardes de su integridad socialista.
“La Ley General de Sanidad y la más reciente, de Autonomía del paciente, configuran al ciudadano como único dueño de sus decisiones, siendo su voluntad prevalente incluso sobre la opinión técnica de los profesionales sanitarios”.
En segundo lugar, utiliza el ya gastado recurso de hablar de la privatización que pretenden realizar los “malos” peperos como Esperanza Aguirre.
“Esta discriminación afecta también a los ciudadanos individuales al determinar el Convenio en su cláusula 16ª que esta ingerencia religiosa católica se ejerza sólo sobre los pacientes de los servicios sectorizados de carácter público y no de los pacientes “privados” en los centros que tengan esa titularidad.”
Y por último, otros párrafos que merecen ser analizados son los siguientes:
“Por todo lo que antecede, la ADHSO, integrada por personas que han sufrido el ataque injustificable de los sectores más fundamentalistas del PP de Madrid, consideramos que el acuerdo firmado por el consejero Güemes es un paso más en el retroceso de los valores y derechos democráticos de los madrileños, que nos retrotrae a épocas de palio y pensamiento único que parecen añorar los dirigentes políticos de la Comunidad de Madrid y que desmienten el presunto carácter “liberal” del que hacen gala recientemente.
Este nuevo atropello a la libertad individual pretende una vez más, acallar el debate social sobre el derecho ciudadano a decidir sobre la propia muerte, imponiéndonos unas creencias y valores morales determinados que el conjunto de la sociedad no comparte.”
Señores, volvimos a la época en la que los estudiantes “progres” se manifestaban en las calles mientras los grises los perseguían. Y que malvados que son algunos miembros del PP que desean regresar al pasado. Y bla, bla, bla. Ya conocemos el original discurso que realizan algunos “progres” de ahora.
En definitiva, si algún día el señor Luis Montes desea abandonar sus labores sanitarias siempre podrá formar parte del indescriptible gobierno de Zapatero. Le recibirían con los brazos abiertos. De eso estoy completamente segura. Por lo menos, ¡tendríamos un Ministro con carrera!
Pero lo que sí le aconsejo a Montes es que se aprenda la expresión de “Zapatero, a tus zapatos”. Es muy sencillo, léala con atención varias veces y cópiela todas las que quiera. Siempre puede preguntarle a su compi Zapatero que todavía intenta comprender lo que verdaderamente significa este proverbio español.


